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Nino Caicedo: “Oiga, mire, vea” ese estilo de hacer salsa

El compositor de “Oiga, mire, vea”, canción que cumple 30 años de publicada, y de una buena cantidad de éxitos de Guayacán Orquesta, anuncia el lanzamiento del disco “Sin par”.

El tercero de los Saturninos de su familia (porque no se llama Nino en la cédula) resultó ser el compositor de una serie de éxitos que han hecho bailar a Colombia y a muchos en el mundo. Hijo de educadores, el séptimo de nueve hermanos, es un hombre de letras porque creció rodeado de literatura en su hogar. Desde antes de poder leer y escribir, sus hermanas le leían todas las noches. Así, el primer contacto que el pequeño Nino tuvo con la palabra fue oral.

Desde niño empezó a componer, pero su cercanía con la música estuvo más asociada al canto. Recuerda escenas en las que se la pasaba cantando de niño. Es la expresión natural de su alma. Contó que siendo niño una de sus hermanas menores falleció y lo único que podía hacer era cantar. A pesar del ruego de sus padres, no lo podía evitar: era el llanto de su alma. Desde ahí supo que la música lo acompañaría el resto de su vida.

Sus padres fueron personas correctas, respetadas por la comunidad, entregadas al servicio. Nino Caicedo recuerda que durante el incendio de Quibdó en 1966 su papá tenía un equipo de radioaficionado que le sirvió para comunicarse con otras ciudades y solicitar la ayuda que necesitaban. Muchos tenían que pasar por la casa de los Caicedo Córdoba, bien fuera para mandar un mensaje o recibir un mercado, que la señora Andrea, madre de Nino, se encargaba de repartir sin miramientos.

De Quibdó a Bogotá

La inclinación musical se la dio el contexto cultural en el Quibdó de entonces. Con vecinos de cuadra se reunía a tocar la guitarra, cantar, dar serenatas, y entre esos estaba Alexis Lozano. Vivían a una casa de distancia. Crecieron juntos, iban a la misma escuela, a la anexa de la Normal para Varones de Quibdó, donde aprendió a tocar la guitarra y junto con Lozano y sus hermanos empezó a cantar.

No era bien visto por los profesores verlos en corrillo cantando y tocando, con el pelo de colores y camisas extravagantes. Por este motivo lo expulsaron del colegio a él y a toda su cuadrilla de músicos. Tuvo que terminar sus estudios en el Colegio Aurelio Tobón, de Bogotá, adonde lo mandaron sus padres a estudiar cuando tenía quince años.

En la capital, en lugar de alejarse de la música, se reunió con sus amigos y siguió componiendo y cantando. Comenzó a aparecer en programas de televisión, como Juventud moderna, de Alfonso Lizarazo, en Caracol, y el de Jorge Barón.

En estos espacios audiovisuales conoció la disquera Piera, de unas monjas italianas que se enamoraron de su voz y sus composiciones. A los 22 años, Nino Caicedo grabó sus primeras canciones: Loco, loco, Amor humano y A dónde va el mundo.

Por aquel entonces la música era solo un pasatiempo más. Decidió no nadar contra la corriente y estudió Ingeniería Metalúrgica en la Universidad Libre de Bogotá, graduado con máximos honores. Llegó incluso a ser profesor de Física en la Universidad Javeriana y trabajó para empresas privadas.

Boleta de entrada a Guayacán

Ejerció su carrera durante unos años, pero su amigo Alexis Lozano, que en aquel momento ya había cofundado el Grupo Niche con Jairo Varela, decidió disolver esa sociedad musical y armar su propia organización, con sus ideas, y así nació Guayacán Orquesta.

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