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Pasaporte covid, la polémica que divide a Europa

Europa atraviesa este verano con diferentes incidencias del coronavirus y un cambio permanente de medidas que buscan frenar su expansión (sobre todo la de la contagiosa variante delta). Y aparece dividida frente al documento que permite la movilidad dentro de la Unión Europea (UE): el certificado o pasaporte covid-19.

Tras su establecimiento el 1.º de julio, 21 países lo exigen para acceder a diversos lugares y eventos, como restaurantes, bares, piscinas, espectáculos, conciertos o competencias deportivas.

Y, aunque ya se han expedido más de 300 millones, constituye el centro de un debate entre quienes creen que delimita la libertad individual y quienes lo ven como una herramienta de salud pública.

Más allá, los detractores de la medida hablan de que configura de manera oficial una especie de discriminación entre los vacunados y los no vacunados porque impone restricciones a los segundos.

Y ni hablar de los visitantes o turistas de fuera de los países de la órbita europea, pues dependiendo del país no podrían ingresar a museos, restaurantes, espectáculos o incluso transporte público si no poseen dicho documento.

A lo que se suma que España, por ejemplo, acaba de prorrogar hasta el 23 de agosto la orden de cuarentena de 10 días, o de siete si se presenta prueba negativa, para viajeros que lleguen de varios países africanos y latinoamericanos, entre ellos Colombia o Argentina.

Todo un rompecabezas, pues los países del bloque europeo no han homologado medidas. Y si en un país apenas si se exige, en Francia desde este lunes se impondrá para trayectos largos en avión, tren o bus, y se exigirá para entrar a bares, restaurantes, cines, teatros e incluso hospitales.

Más allá de constituir un requisito para viajar, algunos países también lo imponen en sectores laborales.

En Francia y Grecia, por ejemplo, a partir de septiembre se le suspenderá el cargo y el sueldo al personal sanitario que se niegue a vacunarse. Los trabajadores de las residencias griegas tienen un plazo más cercano: el 16 de agosto.

Cada país impone el certificado y otras restricciones según el desarrollo del virus y la actitud de la población frente a la vacunación. En Francia, por ejemplo, un amplio segmento de la población se rehusaba a recibir la pauta, mientras en España la mayoría la acepta con gusto.

Las protestas han llenado las calles de Italia, donde comenzó a exigirse para acceder a la hostelería el 6 de agosto, y de Francia, donde entrará en vigor este lunes. Cerca de 250.000 franceses han protestado desde hace cuatro semanas, pero el Gobierno no da marcha atrás.

¿Qué es?

Se trata de un documento que acredita (mediante un código QR) que el portador ha sido vacunado, se ha recuperado de la enfermedad o tiene una prueba negativa de las últimas horas (entre 48 y 72, según el país).

Entró en vigencia el 1.º de julio y permite a los viajeros cruzar las fronteras de 33 países del Viejo Continente: los 27 Estados miembros de la Unión Europea y otros seis países vecinos (Andorra, Islandia, Liechtenstein, Mónaco, Noruega, Suiza). Las reglas varían según el destino y el país de origen.

El propósito inicial es facilitar la circulación por la UE. Sin él también se puede viajar, pero es más difícil, pues hay que cumplir medidas adicionales, como cuarentenas. Además, según está visto, también será necesario para moverse dentro de algunos países y disfrutar de actividades cotidianas.

La norma aún no prevé situaciones que se salen de los parámetros iniciales. Por ejemplo, una pareja de colombianos residentes en Madrid, con nacionalidad también española desde hace 30 años, se vacunó en Bogotá y no pudo conseguir el certificado en España.

“El virus va más rápido que los trámites”, les explicó una trabajadora en un centro donde expiden los certificados. Todavía falta coordinación entre las autoridades para facilitar los viajes a todos los vacunados.

Al no haber un cruce de datos con los países fuera de la UE, las autoridades comunitarias no tienen cómo saber si un certificado de vacunación expedido en Ecuador o en Colombia, por ejemplo, es realmente genuino.

“Estamos avanzando para reconocer certificados expedidos por otros países, aunque para ello deben ser interoperables con el sistema de la UE y permitir la verificación de su autenticidad, validez e integridad”, dijo Didier Reynders, comisario europeo de Justicia.

La posible discriminación entre personas vacunadas y no vacunadas es el foco de la polémica en torno al certificado europeo. Para evitar una marginación, según explican desde la Comisión de la UE, se permiten también una prueba negativa o la acreditación de haber superado la enfermedad.

El objetivo inicial del certificado era facilitar la movilidad internacional. Y por lo pronto, lo va cumpliendo: el tráfico aéreo aumentó un 20 por ciento en julio y ya va en un 60 por ciento del alcanzado en 2019. Su uso para otros fines es una consecuencia de la negativa de algunos para vacunarse y de la desidia de otros, mientras los gobiernos intentan frenar la expansión.

Ello crea otro debate entre obligar o persuadir a los habitantes. La decisión depende, en buena medida, de la postura general frente a las vacunas.

En Francia, donde era bajo el sector de la población que acudía por sus dosis, se registraron 1,3 millones de personas para recibir la vacuna al día siguiente de que el presidente Emmanuel Macron anunció las restricciones para quienes no lo hicieran. Se trata de la mayor cifra desde que comenzó la campaña.

En España, donde solo en Galicia se pide el certificado para la hostelería y el ocio nocturno, la situación es diferente, puesto que su población no es reticente a las vacunas. Todo lo contrario. El 60 por ciento de los españoles ya han recibido la pauta completa, y el 70 por ciento, al menos una dosis.

La campaña de vacunación en España lleva más de siete meses. En enero, cuando iban cuatro semanas, las muertes diarias eran alrededor de 400; durante los últimos días, se ha situado en torno a 70, pese al aumento de contagios por la variante delta. Las cifras demuestran, pues, que las vacunas cumplen su función.

En el caso de Italia, se está imponiendo un pase sanitario desde el 6 de agosto para entrar en las salas de cine, a los museos y los gimnasios, incluso para comer en las salas interiores de los restaurantes.

Este ‘Pase verde’ será obligatorio para los pasajeros de vuelos domésticos, de trenes de largas distancias y de transbordadores a partir del 1.º de septiembre, así como para profesores, personal de establecimientos escolares y universidades y estudiantes universitarios.

En Alemania, dependiendo de los estados federados, es posible que se requiera un certificado de vacunación o una prueba negativa para ir a lugares como hoteles, gimnasios y cines.

Pero este pasaporte sanitario no será exclusivo de Europa. En medio de un aumento de casos de covid-19 en Estados Unidos, Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, anunció el martes que el pase sanitario, llamado ‘Key to NYC’ (Llave a Nueva York), será lanzado el 16 de agosto, seguido por un periodo de transición de un mes. Este consistirá en una prueba de vacunación para “empleados y clientes de restaurantes cubiertos, pabellones deportivos y teatros”.

Colombianos frente al pasaporte covid:

Los colombianos que no estén dentro de las excepciones explicadas en el portal del Consulado General de España en Bogotá no podrán ingresar a España, así estén vacunados. Es decir, los viajes por turismo están suspendidos temporalmente desde el 27 de julio.

Hasta hace dos semanas, los colombianos y pasajeros de otros países debían demostrar estar vacunados para entrar a España y evitar otras medidas. Les bastaba con enseñar el certificado —a pesar de tener un formato rudimentario— o mostrar una PCR negativa y casi siempre con someterse a una prueba en el aeropuerto para entrar.

En cuanto al pasaporte sanitario por covid, los colombianos o nacionales españoles vacunados por fuera de la UE no pueden conseguir, al menos de momento, el documento que exigen muchos países para viajar dentro de Europa e, incluso, para participar en actividades como ir a cine, a restaurantes o a discotecas.

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