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Pogacar, el nuevo campeón del Tour, habla en entrevista exclusiva

Chris Froome, el cuatro veces ganador del Tour de Francia y primer británico en conquistar la ‘triple corona’ (Tour, Vuelta y Giro), dijo en la tarde del pasado 14 de julio, tras la rutilante exhibición del ciclista esloveno en el Coldu Portet —en la etapa 17 del Tour 2021—: “Mientras Tadej Pogacar esté sentado en su bicicleta, esta y cualquier otra competencia estará terminada”.

La sentencia, lanzada sin ningún asomo de sarcasmo, no solo parece un decreto notariado, sino que la comparten gran parte de los ciclistas y expertos en el mundo de las bielas. Como Nairo Quintana, ganador del Giro y la Vuelta, que, poco antes de salir a la etapa 18, aseveró: “Estamos ante un nuevo ‘Caníbal’”, en referencia a Eddy ‘el Canibal’ Merckx, considerado por unanimidad como el más grande ciclista de todos los tiempos. “Es bestial, es impresionante y nos deja sin palabras”, dijo también Alberto Contador, otra leyenda de este deporte.

Y sí. Todo parece indicar que estamos ante un portento del deporte mundial, ante un atleta excepcional y, por ahora, ante un ciclista imbatible en la montaña y contra el reloj.

Aquí está ‘Pogi’, como lo llaman en su natal Eslovenia y en el pelotón del World Tour. Un jovencito pálido, de mirada estable y serena, de tan solo 22 años de edad (cumplirá 23 en septiembre), que acaba de ajustar dos Tour de Francia —en ambos alzó tres camisetas: la amarilla (del campeón), la blanca (del mejor joven) y la de puntos rojos (del mejor en la montaña)—, sumados a los títulos en el Tour de Eslovenia 2021, la LiejaBastoña-Lieja 2021, la Tirreno Adriático 2021, el UAE Tour 2021, la Vuelta a la Comunidad Valenciana 2020, el Tour de California 2019 y el podio en la Vuelta a España 2019, palmarés más que admirable para un corredor que, hasta el 2018, era un completo desconocido.

¿De dónde salió este liviano ‘monstruo’ de 66 kilos y 1,76 metros de estatura que tiene a todos con la boca abierta?

La historia empieza a sus siete años, en su casa de Komenda (Eslovenia), cuando, apesadumbra do por no poder salir a jugar con sus amigos por la nieve, se echó a llorar y les desbarató un rompecabezas que estaban armando sus padres, Marjeta y Mirko. Su madre, como buena profesora, dejó que pasaran diez segundos y luego lo tomó en brazos y le pidió que se calmara. Secó sus últimas lágrimas, le sirvió un vaso de leche achocolatada caliente y le preguntó qué le pasaba. El niño respondió: “Es que quiero salir a jugar, pero la nieve no para”.

Entonces vino la lección maternal: “Tadej, en la vida, a veces se gana y a veces se pierde. Y a veces todo se aplaza, o se cancela. Lo importante, hijo, es cómo lo resuelves. Tu hermano Tilen está estudiando, nosotros estamos haciendo un rompecabezas, mientras tú solo te quejas. Entonces resuélvelo, Tadej, resuélvelo”.

El niño se quedó mirando a su madre y, tras un largo suspiro, recogió las piezas y comenzó a armar, sin ayuda y en silencio, el rompecabezas. Se tardó dos días, pero lo terminó. Desde aquella tarde, Tadej no volvió a tener episodios de ira, que eran frecuentes. No volvió a pelear en la escuela ni en el club de fútbol a donde iba. Tampoco le volvió a tirar los pelos a Tilen, su hermano, cuando no le daba la ventanilla en el carro de la familia.

Dice su mamá que, desde entonces, se tornó más comprensivo, más ajustable a las circunstancias y adquirió una expresión fija, una especie de actitud satisfecha, una calma de pradera soleada. Su mundo, por esos días, giraba en torno a su hermano Tilen, un decidido aficionado a los deportes. Si su hermano mayor jugaba fútbol, él jugaba fútbol. Si se subía a una bici, entonces él también lo intentaba.

Fue así como lo siguió al Rog, un club de ciclismo juvenil que dirige Miha Koncilja, un viejo amigo de la familia. Tadej tenía ocho años de edad cuando decidió que quería ser ciclista y no futbolista. Pero era tan pequeño que ninguna de las bicicletas de Miha se le ajustaba a su estatura. No hizo pataleta, simplemente lo resolvió. Aceptó la decisión y, con el fin de estirarse, practicó basquetbol, hizo caminatas, esquí alpino, hasta cuando pudo subir a la bici de su hermano, que pronto pudo dominar.

Meses después, con nueve años recién cumplidos, fue aceptado en el Rog. La primera bicicleta de ‘Pogi’ fue una Billet de color verde, muy ancha y pesada.

Cuando tenía 11 años, próximo a irse de vacaciones a Francia, tuvo su primera competencia importante, en Trstenik (Serbia), contra rivales tres y hasta cuatro años mayores. Aun cuando cometió errores, su actuación fue prometedora.

Consolidado en el Rog, Tadej viajó a Francia en el 2011. Su madre, profesora de francés, dominaba el idioma y quería mostrarle a su pequeño los paisajes de Bretaña, de Los Alpes y, desde luego, París. Cuando quisieron volver, el 20 de julio, encontraron que el camino estaba bloqueado por el Tour de Francia y, por lo tanto, no podían pasar el túnel de Fréjus. De nuevo, en vez de quejarse, lo resolvieron. Se fueron a ver la etapa 19, entre Pinerolo y Galibier Serre Chevalier.

Ese día le cambió la vida a Tadej. Esa tarde, el prodigio se enamoró del ciclismo. “Nos ubicamos en el paso del Izoard y vimos pasar los corredores. Ese día hubo batalla entre los hermanos Schleck (Andy y Frank) y Cadel Evans. Andy hizo una demostración en la escalada inolvidable, y Evans se defendió con todas sus fuerzas. Tadej no paraba de festejar, de gritar. Apretaba los puños”, cuenta Marjeta.

Cuando volvió a Eslovenia, corrió a contarles su experiencia a sus compañeros de la escuela en Komenda y a sus amigos del equipo Rog. Narró cada episodio de lo que vio, sin quitar ni añadir nada. Les decía a sus amigos que quería ser como Andy Schleck, como Cadel Evans, como Alberto Contador. La decisión estaba tomada. Tadej sería ciclista profesional.

A los 14 años de edad, entrenando por las carreteras de Komenda, sufrió un accidente de consideración, debido a la densidad del tráfico en la Autopista 104. Se rompió un par de costillas y se laceró las piernas y el torso. Marjeta estuvo a punto de decirle que dejara el ciclismo, pero se contuvo. Tadej se recuperó y volvió a la bicicleta, sin quejarse. Resolvió.

El exciclista esloveno Andrej Hauptman, bronce en el Mundial de Lisboa, lo había descubierto poco antes de esa caída. Cierto día, yendo hacia Liubliana, tuvo que detener su carro debido al paso de una carrera juvenil. Vio que un lote de unos 20 adolescentes pasaba por delante, y tras ellos, a unos cinco minutos, pasaba un niño, en solitario. Se bajó del vehículo para animar al pequeño, y vio que Miha Koncilja estaba parado al borde del camino. Como lo conocía, le preguntó: “¿De qué se trata esta carrera?, ¿cómo es posible que ese niño compita contra mayores? Están abusando de él”. Con una sonrisa el entrenador del Rog le contestó: “No, Andrej, el niño es quien va de primero, lo que pasa es que ya les tomó una vuelta de ventaja”.

Hauptman, asombrado, se quedó hasta el final de la competencia y reclutó a Tadej para el equipo Ljubljana, último puerto antes de llegar al Gusto Xaurum, la plataforma desde donde dio el salto al UAE Team, en el 2019.

En aquellos años, había pocos referentes en el ciclismo esloveno. El deporte de las bielas era apenas un hobby en el país balcánico, con más tradición en el esquí alpino, en el baloncesto y en el fútbol. Sin embargo, en aquel Tour del 2011 que atrapó la atención del joven Tadej, participaron algunos corredores: Borut Bozic, Grega Bole y Kristijan Koren, quienes, años después, fueron investigados y suspendidos por dopaje.

Lo mismo pasó con su descubridor Andrej Hauptman y con Gorazd Stangelj y Zoran Kle – mencic. Hubo una repentina erupción de ciclismo en Eslovenia, por la cercanía con Italia, pero todos esos primeros ciclistas terminaron investigados por doping.

Hauptman, quien ahora trabaja con el UAE Team, equipo del joven campeón Tadej Pogacar, fue excluido del Tour de Francia en el año 2000, antes de la primera etapa, tras haber presentado un hematocrito superior al 50 por ciento en la previa de la competencia.
Ese hombre, quien luego se convertiría en entrenador de ciclismo en Eslovenia, catapultó al profesionalismo a Primoz Roglic y luego al portentoso Tadej.

La sombra del dopaje persigue a los ciclistas eslovenos por todas partes. ‘Pogi’ no escapa a ese lastre. Sin embargo, cuando la prensa lo instiga al respecto, ‘el Coloso de Komenda’ defiende a Hauptman, a Roglic y a todo el ciclismo de su país. “No nos conocen, pero nos juzgan. No saben cómo entrenamos, ni cómo nos alimentamos. No saben de dónde venimos”, expresa.

Paralelamente, este joven ‘monstruo’ del ciclismo se ha convertido en una celebridad en su país y en una extraordinaria sorpresa del deporte mundial. Un asombro que difícilmente puede describirse. Hoy, si ya no es el más famoso en su país, pelea la popularidad en su tierra con Luka Doncic, el ídolo del baloncesto que juega en los Mavericks de Dallas; Melania Trump, la esposa del expresidente de Estados Unidos Donald Trump, y Slavoj Zizek, el carismático filósofo freudomarxista que llena salones completos con sus conferencias y quien es best seller con sus libros.

En el pasado Tour de Eslovenia, a mediados de junio —donde empezó esta entrevista—, se evidenció la devoción exagerada que se le tiene a Tadej. En cada etapa, tanto en las salidas como en las llegadas, miles de hinchas se quemaban las gargantas gritando: “Pogi, Pogi, Pogi”, como si dicho estribillo hiciera parte del mismísimo himno esloveno, ese poema de France Preseren que clama por la paz mundial y que a Tadej le tocaba recitar todos los días en su escuela del barrio Klanec, en Komenda.

Como era de esperarse, la presión para ‘Pogi’ ha crecido. Y también para su familia, que poco o nada puede salir a la calle en Komenda o en Liubliana. Les dejan flores, cartas, e incluso, una que otra vez, se han encontrado oraciones paganas en los alfeizares de las ventanas. Por eso, desde hace un año, tienen una casa en Mónaco, Francia, a la que acuden cuando la prensa y los fans se ponen imposibles. “‘Pogi’ es un muchacho muy tranquilo, pero se altera cuando está en un entorno que no puede controlar. Le pasa lo mismo en el ciclismo, si muchos lo atacan, y él no está en su mejor día, se hunde”, explica Mirko, el padre, ingeniero de profesión.

No se alteró, sin embargo, cuando destrozó a su amigo Primoz Roglic en la contrarreloj de La Planche des Belles Filles, para ganar su primer Tour de Francia en el 2020; ni cuando ganó tres etapas, incluyendo una en Andorra, para subir – se al podio en la Vuelta a España 2019.

Mucho menos se puso tembloroso, o emocionalmente negativo, cuando en el Tour 2021, el 108 de la historia, arrasó con sus rivales en la contrarreloj de Laval Espace Mayenne, donde comenzó su dictadura, o cuando volvió a doblegar a los favoritos en Le Grand Bornand, o en Tignes, o en Andorra La Vella o en Col de Portet. Sus logros en el Tour de France, en sus dos apariciones, son devastadores: ha ganado 6 etapas y los títulos de seis camisetas.

Es un ciclista serio y consagrado, a pesar de su cara de niño y de ciertos arrebatos de niño. Es capaz de ponerse a bromear frente a las cámaras, como cuando Matej Mohoric ganó la etapa del Tour 2021 en Le Creusot, o tirarse al suelo y llevarse las manos a la cabeza en señal de incredulidad, como cuando ganó en Col de Portet; pero también tiene esos momentos de profundo silencio e introspección, cuando quiere concentrarse en una etapa en especial, como la de Luz Ardiden.

¿Qué sigue? ¿Cuál es el techo? Nadie sabe. Apenas estamos conociendo a este nuevo fenómeno del ciclismo, uno que vino para instalarse en lo más alto, uno que no parece querer irse de allí. Uno al que, inevitablemente, lo rondan las dudas.

Después de la etapa 9 de este Tour 2021 que acaba de terminar, la familia Pogacar se reunió al lado del espléndido lago de Tignes y allí construyeron una fortaleza de cariño, ánimo y contención. Se abrazaron y se fueron juntos para un hotel en las afueras. En el día previo, un periodista le había insistido al “capo” del UAE sobre las sospechas por su excelso rendimiento. ‘Pogi’ bajó la cabeza, pero su madre, Marjeta, le tomó la cara frente a quienes estábamos presentes y le dijo: “Nunca agaches la cabeza. Camina erguido, porque caminar erguido es como izar la bandera de nuestro país, y nuestro país no se rinde”.

¿Cuándo fue la primera vez que su madre le dijo esa frase?

Recuerdo que fue cuando estaba en la escuela, hace muchos años. Había perdido un examen de inglés y estaba triste, porque en casa tratamos de ser perfeccionistas en todas nuestras cosas, entonces ella me dijo esa frase. Es como su himno.

¿Y cuando no se la dice, usted la recuerda, para darse ánimo?

Sí, creo que es una gran frase. Da fortaleza. En la Vuelta a España del 2019, cuando Roglic y los demás me pusieron contra las cuerdas y perdí más de un minuto, me repetí esa frase en el autobús. Ahora es una estrella del ciclismo, pero parece que se divierte.

¿Cómo era, comparado con lo de ahora, su vida como niño, en el equipo Rog?

Tenía muchos amigos, a algunos todavía los veo, y me reúno con ellos. Ninguno llegó a ser profesional, pero siguen siendo importantes en mi vida. Eso me gustaba mucho de esa época, porque, después de hacer bici, íbamos a bañarnos en los lagos o a comer pizza. Hablábamos mucho del futuro, hacíamos bromas.

Pero en el pelotón tiene muy buenos amigos, incluido Roglic.

Sí, ‘Rogla’ es muy buen amigo, pero en el equipo tengo a Brandon (McNulty) y a Mikkel (Bjerg), con quienes he competido desde categorías menores. Te lo juro, ninguno de ellos juega al Fifa como yo. Son muy malos. Y tienen un gusto musical pésimo.

¿Cómo es vivir en medio de tanta devoción, de tanta admiración?

Es complicado, pero también es bello. Antes de ganar el Tour del 2020 era más fácil porque podía ir por las calles y los centros comerciales sin problema, pero después de haberlo ganado ya no puedo ni abrir la puerta. Por eso vivo en el exterior, aunque siempre vuelvo a Eslovenia, porque amo mi país. Pero con Roglic no pasa lo mismo,

¿cuál es la diferencia?

No sé, creo que sí lo quieren, aunque de otra forma. No sé, no quiero equivocarme. La verdad, en Eslovenia hay muchas personas grandiosas, y el pueblo las honra cada vez que puede. Roglic es un héroe nacional, al menos para mí.

¿Desde cuándo se conocen?

A Primoz lo conozco desde hace varios años. Lo veía entrenar y lo veía correr, y puedo decir que siempre fue inspirador. Teníamos amigos en común y nos dirigió el mismo entrenador en etapa de juveniles. Recuerdo que, cuando tenía 14 años, Roglic me dio consejos para hacer las cronos y para atacar en la montaña. Es un ejemplo a seguir.

¿Cómo se enamoró del ciclismo?

Como deportista comencé jugando al fútbol, pero entonces ocurrió un cambio. Mi hermano mayor, Tilen, comenzó a andar en bicicleta en el club Rog, porque el entrenador, Miha Koncilja, estaba buscando nuevos miembros. Él llamó a nuestra puerta y convenció a mi hermano. Yo, que siempre estaba siguiendo sus pasos, lo imité, y también fui al club. Pero era muy pequeño y allí no tenían una bicicleta para mi tamaño, entonces tuve que esperar hasta que cumplí los nueve años. Mientras tanto, entrenaba siempre en época de invierno y, cuando volví, en primavera, era más fuerte. Me dieron una bici y con ella competí en varias carreras. Recuerdo que la primera fue en Trstenik, donde hice verdaderas burradas sobre la bici, porque todavía no tenía buena técnica.

¿Aprendió rápido? ¿Tuvo muchos entrenadores?

En los años siguientes fui entrenado por diferentes técnicos, y recibí cierta cantidad de conocimiento y experiencia de cada uno de ellos. Aunque son diferentes, todos tenían el mismo objetivo: hacerme un buen ciclista. Ya de niño me incluyeron en la selección ciclista nacional. Competir y representar los colores del país siempre significó mucho para mí. Y, por supuesto, el apoyo de mi familia fue importante, porque siempre me han dado fuerza desde una edad temprana.

¿Y sobre aquella dolorosa caída que cuenta su madre, qué puede decir? ¿Pensó en retirarse?

Cuando uno es niño, o es muy joven, un golpe duro puede hacerte pensar muchas cosas, pero nunca pensé en retirarme, ya estaba demasiado entusiasmado con el ciclismo. Es más, creo que esa caída me hizo querer más el mundo de las bicis.

¿Por qué cree que han estado surgiendo tantos campeones jóvenes en el ciclismo?

Creo que el deporte se ha vuelto más tecnológico. Cada día hay mejores formas de entrena miento, más avances en la medicina deportiva y en las técnicas de entrenamiento, pero, la verdad, creo que los campeones surgen porque sí, porque hay personas que desde jóvenes tienen claros sus objetivos, sus metas.

¿Qué hay de la bicicleta Colnago con la que ganó su primer Tour de Francia?

He tenido que evitar a mi hermano Tilen, quien me la ha pedido con insistencia. La tengo bien guardada, porque con mis padres hemos estado pensando en algún tipo de museo. Hacemos muchas cosas en familia: la tienda, los equipos juveniles, y ahora pensamos en un museo.

¿Cada cuánto habla con Roglic, sobre todo después de haberlo vencido en el Tour 2020?

Somos muy amigos y nos comunicamos, pero no tanto en los últimos meses. Él ha decidido alejarse para concentrarse, y no recibe mis llamadas. Yo entiendo eso, porque yo también he estado pensando mucho en el Tour. Allí somos rivales, y los dos queremos el título. Es normal que no hablemos tanto en estos tiempos.

¿Cree que con el paso del tiempo esa amistad se irá perdiendo? ¿Por la rivalidad ciclística?

No lo creo. Lo admiro mucho y lo sigo considerando como de mi familia. Me gustaría verlo ganar el Tour, porque lo ha luchado toda la vida, pero yo también tengo ilusiones y, mientras esté sobre la bici, iré por todo siempre. Se le ha acusado de un posible dopaje, y se le ha investigado por ello.

¿Cree que ese fantasma lo perseguirá para siempre?

Creo que el ciclismo es un deporte muy satanizado, y considero que la mayoría de los ciclistas corremos limpios, pero sería bueno que se haga un acuerdo global sobre lo que es prohibido y lo que es medicinal. También sería importante que se revisen las carreras, porque no somos gladiadores de la era romana, somos seres humanos con familias.

¿Siente esos señalamientos, siente que lo vigilan?

A los ciclistas nos vigilan siempre, como si fué – ramos presos, o como si tuviéramos libertad condicional. Es lo que hay y hay que aguantarlo, hay que tolerar esa vigilancia.

¿Y usted, particularmente, por qué es tan fuerte?

Entreno desde niño, y en Eslovenia hay muchos sectores o cantones donde se puede entrenar bajo condiciones extremas. Hay calor del lado de Italia, hay frío del lado de Austria, hay terrenos de columpios del lado de Croacia. Hay muchas formas para adquirir resistencia. Pero, sobre todas las cosas, es el deseo de convertirse en un gran ciclista lo que te empuja.

¿Pero solo eso basta para igualar en vatios a Mathieu Van der Poel o para superar en una contrarreloj a expertos como Stefan Küng o Wout van Aert?

Desde luego que no. Hay que entrenar demasiado, alimentarse bien y estar al tanto de las tecnologías del deporte. No me considero especial; solo soy un ciclista que quiere mejorar siempre, y tener rivales tan importantes ayuda un montón.

Sus padres han sido muy importantes en su carrera, ¿qué puede decir de ellos?

Mis padres me han enseñado sobre cómo afrontar la vida, sobre ser tranquilo y amable. Mi madre también me dio la oportunidad de conocer el francés y el inglés, porque es profesora, y mi padre, que es diseñador industrial, me enseñó el valor del trabajo, de la honestidad y de lo importante de respetar las reglas.

¿Qué puede decir sobre la competencia que hay en el ciclismo y sobre ese afán de victoria que tienen los corredores actuales?

No me obsesiono con la victoria, y tampoco me dejo llevar por la gloria de la victoria. Eso le pasó a Egan, creo, y luego no le fue bien. Yo vi en él un ejemplo y tomé precauciones. Me da lo mismo si gano o no el Tour de Francia, porque soy joven y nuevas oportunidades vendrán luego.

A propósito, ¿qué piensa de Egan?

Es un gran corredor, un todoterreno. Lo que hizo en el Giro demuestra que sigue siendo un rival Alfa Romeo Racing Orlen (2020). de temer, y espero volver a enfrentarlo pronto.

¿Recuerda la primera vez que enfrentó a Egan?

En un Tour de Eslovenia. Él fue con el Androni y me pareció un corredor asombroso. Me ilusionó mucho enfrentarlo en el Tour, después de que lo ganó. Y ahora que ganó el Giro, espero volver a verlo y enfrentarlo. Creo que hace parte del grupo de corredores que dominarán la próxima generación.

¿Sueña con ganar pronto las ‘tres grandes’?

En el futuro espero competir en el Giro, porque es mi carrera favorita. También respeto la Vuelta a España, pero el Giro y el Tour son las grandes carreras del ciclismo.

¿Y volver el próximo año a ganar el Tour?

Claro que quiero volver, pero no se sabe qué pueda pasar.

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